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Los antiguos griegos lo llamaban “manía” y “melancolía”, después Enfermedad maniaco-depresiva, y hoy lo conocemos como Trastorno Bipolar (TBP)

Comúnmente se piensa que una persona con TBP es alguien que pasa repentinamente de la felicidad a la tristeza, del odio al amor, o que en un mismo día experimenta un sin fin de emociones y cambios en su estado de ánimo. Sin embargo es muy poco probable que alguien con este comportamiento tenga trastorno bipolar, probablemente solo se trate de una inmadurez emocional. Y para reforzar esta confusión escuchamos canciones con melodías muy pegajosas en las que los títulos mencionan algo acerca de ser “bipolar” y que tienen frases como “no te quiero ver, si te quiero ver, no te quiero ver…”, otras como “No, Corazón bipolar porque río primero y luego tengo que llorar, porque la realidad es que digo que no te quiero y quiero regresar”, a esto lo llamaría, y aclaro no es un término médico “confusión emocional derivada de una inestabilidad emocional”.

El TBP es el resultado de una falta de capacidad del cerebro para regular las emociones debido a alteraciones en los sistemas celulares, químicos y eléctricos, los cuales se manifiestan por cambios muy marcados y sostenidos en el humor, con etapas recurrentes de depresión y manía o hipomanía.

En la etapa depresiva se experimenta de manera constante, todo el día y la mayor parte de los días por un periodo de por lo menos dos semanas, tristeza, desánimo, y falta de capacidad para disfrutar lo que antes era placentero, además puede haber cansancio, fatiga, enojo, falta o exceso de sueño, disminución o aumento de apetito y aislamiento, por mencionar algunos síntomas.

Antes de explicar en que consiste la manía e hipomanía quisiera aclarar que no existe el trastorno bipolar “bueno” o “malo”, en términos generales existen dos tipos de TBP, el I y el II. En el tipo I los pacientes presentan episodios de manía y en el tipo II de hipomanía. Seguramente te sigues preguntando ¿Qué es eso? Te lo explico, un episodio de manía es cuando de forma continua por varios días las personas se encuentran muy contentas y alegres, más de lo habitual, se sienten con mucha energía, tanta que incluso no necesitan dormir, y por las noches pueden realizar actividades que generalmente haríamos por las mañanas como pintar una casa o reacomodar los muebles. Hablan tan rápido que cuesta trabajo entender lo que quieren decir, en ocasiones gastan mucho dinero en cosas que no necesitan o que no tenían contemplado comprar, es tanta la euforia y la creencia de ser invencibles que pueden tener accidentes o conductas sexuales de riesgo. Cuando los episodios son muy graves se muestran muy irritables y enojados e incluso estar convencidos de tener poderes o habilidades especiales como leer la mente, adivinar el futuro, o querer salvar al mundo de una catástrofe. Este comportamiento causa una alteración en la vida familiar, laboral y social del paciente. En un episodio de hipomanía el comportamiento es muy parecido al de la manía pero de menor intensidad, los cambios son tan sutiles que en ocasiones pasan desapercibidos por el paciente, la alteración en la vida familiar, social y laboral es mínima o nula y no tienen ideas delirante, es decir la creencia de tener habilidades o poderes especiales.

Aunque el término TBP está de moda, desde hace muchos años se sabe que el 1 a 2% de la población lo padece, es decir un poco mas de 140 millones de personas en el mundo, 3 millones en México aproximadamente. La edad de inicio promedio es entre los 18 y 25 años, aunque también se puede presentar en niños y adolescentes.

Los pacientes con TBP tienen una esperanza de vida 8 a 20 años menos que la población general, presentan mayores tasas de adicciones, obesidad, enfermedad cardiovascular y suicidio, siendo este último la primera causa de muerte. La Organización Mundial de la Salud la considera como la sexta causa de discapacidad en el mundo. Por tal motivo la detección oportuna es importante y un gran reto, incluso para profesionales de la salud mental.

No todo el panorama es tan devastador, afortunadamente al día de hoy existen medicamentos lo suficientemente efectivos para los pacientes con TBP, y es gracias a los psicofármacos que pacientes que antes terminaban en las llamadas “granjas o manicomios para pacientes crónicos”, pueden estar integrados a la sociedad y realizar sus actividades como cualquier otra persona que no tiene este padecimiento.

Si bien el camino para el total entendimiento del TBP aún es largo, en todo el mundo son muchos profesionales de la salud que dedican su vida a la investigación y a proponer nuevas opciones de tratamiento. Cada cabeza es un mundo, cada paciente es diferente y a pesar se los avances en el área de la neurociencias aun resulta difícil descifrar completamente el funcionamiento de la mente humana, tan única e infinita.

Si el primo de un amigo o alguien cercano a nosotros presenta cambios en sus emociones ya sea de manera sostenida y repetida, lo que siguiere un TBP o de forma brusca y muy rápidas relacionado a una inmadurez emocional, y uno u otro provoca malestar general y disminución en su rendimiento laboral, social o familiar es importante solicitar la intervención de un profesional de la salud mental, ambas requieren atención.

¿Inmadurez Emocional o Trastorno Bipolar (TBP)?